A penas salió del sanatorio y Lee ya tiene DOS consignas; la primera, ajustarse a la normalidad y no hacerse más daño, a lo que su madre solícitamente le ayuda ocultando todo implemento puntiagudo o filoso; y dos, conseguir empleo. Aunque nadie parece muy seguro de que sea una buena idea...
Así es como conoce a Edward, un abogado perfeccionista, maniaco compulsivo que tiene gusto por dominar a sus secretarias. Y quien al notar el problema de Lee (conseguir consuelo y satisfacción al automutilarse), le ordena dejar de hacerlo. Curiosamente, ella entra en su juego y obedece a su jefe, recibiendo y cumpliendo cada orden de él, algunas veces mal por el gusto de ser "castigada".
Pero la relación de dominado-dominante crece hasta hacerse MUY intima y aunque Edward cree estar enamorado de Lee se avergüenza de haberse mostrado como es y de tratar a su amada como lo ha hecho, por lo que la despide...
Pero, segura por primera vez en su vida de sus sentimientos y deseos, Lee regresará hasta su "amo" el mismo día de su boda para mostrarle cuanto lo ama, y obligarlo a tomar una decisión.
Si es MUY pervertida, pero dulce y divertida.

0 comentarios:
Publicar un comentario