Cuando Margaret Mitchell escribió Lo que el viento se llevó, posiblemente, no imaginó que TAN GRANDE terminaría siendo su obra para los cinéfilos. Y, aunque nunca he visto la película completa, la reconozco como uno de los pilares de la filmografía de la época. Lo poco que vi me convenció que Katie Scarlett O’Hara Hamilton Kennedy Butler (la protagonista) era una niña malcriada y odiosa. Y creí ser el único en verla así... .
Hasta Alexandra Ripley.
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Es normal pensar ¿Qué ha pasado con mi personaje favorito? ¿Qué sucedió después? Pero continuar una historia (y más una ajena) es bastante complejo, continuar un personaje ya definido es muy difícil si no lo comprendes del todo. Pero Scarlett es... ¡Scarlett!. Grosera, pretenciosa, con aires de dama. Manipuladora y ambiciosa. Madre despreocupada y empresaria decidida. Se recrea a sí misma más de una vez y... sigue siendo Ella.
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La vida le da una nueva oportunidad cuando el hombre que una vez amó enviuda, pero siendo fiel a su amiga difunta lo deja libre y se enfoca a un solo "proyecto": recuperar a Rett. Viajando de un continente a otro, de la opulencia a la pobreza, de lo convencional a lo festivo... De la paz después de la guerra a la guerra que se gesta. De tenerlo TODO a construir de la nada. Ser la campesina en medias rayadas a la princesa de un castillo europeo... Por primera vez en mi vida entendí la búsqueda de Scarlett y lo equivocado de sus métodos, las vueltas sin sentido que ha dado y los caminos que ha tenido que andar para lograr lo único que necesitaba... amar y ser amada.
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