El contenido del libro podría resumirse de la siguiente manera: México debe dinero, España e Inglaterra perdonan, Francia no; Napoleón aprovecha para intervenir militarmente, el grupo conservador mexicano apoya (y solicita) la instauración de un imperio europeo en México; Fernando Maximiliano de Hasburgo y su esposa Marie Charlotte son traídos con mentiras y promesas... quizás la ambición también haya tenido algo que ver. El gobierno errante de Benito Juárez resiste lo suficiente como para que Francia retire su apoyo al Imperio, el Papa ignore la causa de Maximiliano y las tropas europeas se diluyan entre muerte, deserción y "ordenes superiores". El emperador Maximiliano es derrotado en Querétaro y fusilado junto con sus generales Miramón y Mejía. Carlota regresa a Europa y la República queda... no restaurada sino reivindicada.
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Pero eso lo podemos encontrar en cualquier libro de Historia de México, y ésta... NO es la Historia de México. Es la historia de una vieja, ciega, sorda y (a veces) muda emperatriz Carlota, que rememora su vida entre fantasías, locura y "hechos", es la historia de un emperador más enamorado de la naturaleza, la gala y la cultura que de la política y su filiación conservadora; es la historia de la Historia que se repasa a sí misma, a través del tiempo, los países y personas. Es, también, la historia de un vago hablándole a un perro callejero, de la correspondencia entre dos hermanos, de un espía mexicano que vive más de los muertos que de los vivos y de muchas, muchas voces que siguen haciendo eco a través del tiempo.
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